Publicidad:
La Coctelera

Categoría: Fundamentos de la Orientación I

NOTAS DEFINITIVAS DE FUNDAMENTOS DE LA ORIENTACIÓN

http://www.lacoctelera.com/myfiles/hmcastil/notas-8.xls

Por una Filosofía, Educación y Orientación Transformadora

REFLEXIÓN

La tarea educativa es una tarea de amor.

Ustedes, educadores y educadoras,

son profesionales de la esperanza,

militantes de una pasión, y como

ustedes saben, nada que valga la

pena puede hacerse sin pasión

Ley de la vida

Roque

 

 

 

 

 

Siendo la Filosofía una ciencia racional por excelencia, que se pregunta el “qué” y “para qué” de las cosas, el carácter “teleológico” de la Educación nos muestra una intencionalidad similar. Así, cuando se establecen los fines de la educación, se pone de manifiesto la filosofía que orienta la vida dentro de un determinado entorno cultural, lo que representaría lo óptimo de la formación del hombre, los atributos que la sociedad desea encontrar en sus miembros, donde esos fines reflejan a la sociedad en general: su vida política, económica, artística, cultural, religiosa, etc. Nos dan a conocer las tradiciones, los valores y las costumbres, que en conjunto, define al hombre ideal que debe ser el producto de esos fines educativos. resulta pues muy válido la afirmación de Dewey quien sostiene que la Educación es la práctica de la filosofía, ya que todo hombre orienta su vida en función de una determinada posición filosófica, la cual le resulta lo suficientemente válido como para proyectarla a otros bien sea de manera explícita o intencional o de manera implícita, ya que la misma forma parte de su estilo de vida.

Desde el punto de vista filosófico, todo ser humano tiene la obligación de estar claro en sus convicciones básicas, en el sentido de poseer las herramientas que le permitan analizar y organizar las premisas sobre las cuales se fundamenta su conducta política, científica, estética, religiosa y educacional.

Bajo esta serie de conceptos se deduce que la influencia de la Filosofía en la Educación es determinante, hecho que se manifiesta en utilizar a esta última en el establecimiento, perpetuación y mantenimiento de un conjunto de valores que orientan a la sociedad educacional, donde ésta es el reflejo de una nación, del Estado, de un sistema, de la escuela o simplemente del aula.

Ciertamente, hoy nos encontramos en un sistema educativo deteriorado, una labor docente precaria, un rol docente desvalorizado y gran discriminación social que acentúa las diferencias entre escuelas y alumnos de distintas realidades sociales además de la desorientación vocacional y pérdida del sentido que significa la labor de aprendizaje y docencia.

Frente a esta crisis general, frente a este mundo que se deshumaniza día a día, frente a este sistema violento, es necesario reflexionar acerca de la necesidad de construir un nuevo sistema, éste debe partir de considerar al ser humano como valor y preocupación central. Un ser humano activo, histórico, social y transformador de la realidad, un nuevo modelo educativo que contemple la formación integral (social y personal) del ser humano, la comunicación consigo mismo y con los demás, el manejo corporal armónico, el pensar coherente, el desenvolvimiento emotivo y la expresión creativa serán pilares de este nuevo paradigma que queremos lograr.

Otro reto importantísimo sobre todo en la actual sociedad del conocimiento, es que la educación debe impulsar en todas sus propuestas educativas el aprendizaje y la productividad. Producción de vida, de calidad de vida. Centros educativos organizados, en consecuencias, como contexto intencionalmente diseñados ya no para producir respuestas prefabricadas y contenidos relevantes, sino para producir conocimientos, competencias, soluciones, ideas, habilidades y valores según el modelo de persona humana y de país que pretendemos. La producción de aprendizajes es un verdadero diálogo de saberes, que parte del saber y cultura del educando y le ayuda a relacionar la nueva información con los conocimientos previos, le ayuda a desaprender, a modificar concepciones y prácticas.

El aprendizaje es un complejo fenómeno sistémico, psicosocial, dentro de un entorno ecológico. Ya no puede verse simplemente como un producto de cierto conocimiento o conducta aprendida, sino como un proceso donde se dan una serie de interacciones únicas y dinámicas dadas por el contexto donde se desenvuelve la persona, su proceso histórico y unas expectativas hacia el futuro.

Por lo tanto, pensar en escenarios educativos bajo la mirada del siglo XXI, indudablemente orienta las ideas hacia nuevos paradigmas, donde la tecnología y el docente se juegan un rol fundamental. En este contexto, es válido afirmar que el conocimiento y la tecnología serán herramientas de las cuales dispondrá el orientador para crear un escenario dinámico de aprendizaje que permita a los estudiantes acceder a un mundo competido y exigente. En la figura del orientador, recae de manera insoslayable, marcar el rumbo de la calidad educativa para sentar las bases reales que orienten los procesos desde cualquier ámbito educativo. Es por esto, que los profundos cambios que se están generando en la sociedad actual, en todos los ámbitos del que hacer humano y en virtud de los avances científicos tecnológicos; obligan a redimensionar el rol del orientador. En tal sentido, la orientación vive hoy un desafío con base en las exigentes demandas de una sociedad de rápidas transformaciones, como consecuencia de la implementación de políticas de ajustes, apertura económica, reestructuración industrial, procesos interactivos de innovación tecnológica y un mundo globalizado.

Las ideas esbozadas nos plantean un reto ineludible educar a un ser humano integral y sólido en sus principios y valores para un futuro que se vislumbra como impredecible. Es hora de encontrar caminos, rutas pedagógicas que intenten dar respuesta y soluciones. En este sentido, Pozo y Monereo, (1999) han señalado que, “Una de las funciones del orientador debe ser promover la capacidad de los alumnos de gestionar sus propios aprendizajes, adoptar una autonomía creciente en su carrera académica y disponer de herramientas intelectuales y sociales que les permitan un aprendizaje continuo a lo largo de toda la vida”. Entonces, el orientador es llamado al cambio, a la incorporación de nuevos paradigmas y renovadas prácticas que le otorguen al individuo de este siglo pertinencia social y cultural.

Así mismo, los docentes deben concebirse como los impulsores de la renovación y el cambio permanente, los dinamizadores del proyecto educativo. Líderes por sus cualidades morales, que viven en plenitud y con ilusión su vocación de servicio, y que asumen las escuelas ya no como lugares de transmisión y reproducción de conocimientos, sino como comunidades de producción de vida y de convivencia.

Por lo tanto, debido a que la educación es un proceso continuo orientado a favorecer el desarrollo del ser humano desde la perspectiva holística, tomando en consideración todas las facetas de su personalidad y su interacción con el entorno, en este sentido, el orientador ha de contribuir al desarrollo cognitivo, afectivo, espiritual y social de la persona de manera que este pueda consciente y responsablemente realizar toma de decisiones que le permitan de manera progresiva su autorrealización.

Al hilo de este pensamiento la educación es uno de los factores más importantes que tiene una sociedad para su adecuado desarrollo. En consecuencia, el recurso estratégico que pueda producirnos cambios tecnológicos y a su vez, cambios en la estructura económica y social; es el conocimiento. De esta manera si en un país todas las personas tienen acceso a una educación con un alto nivel de calidad se podrían evidenciar cambios económicos, políticos y sociales. Por lo tanto, la educación se convierte en un factor de progreso esencial para los países desarrollados y los que están en proceso de desarrollo.

En este sentido, el sistema educativo venezolano reclama un nuevo liderazgo del orientador dentro de las nuevas políticas educativas del país, debe ir hacia una orientación como profesión de desarrollo de potencialidades de la persona a nivel individual y grupal, una relación de potenciación, con una asistencia de ejes curriculares; para lograr que los centros educativos se transformen en verdaderos agentes de prevención, desarrollo e intervención social y de este manera redimensionar su rol desde una realidad global convirtiéndolo en un orientado dinamizador de procesos individuales, grupales, proactivo ante los cambios, sintonizado con las nuevas políticas educativas, económicas y sociales del país.

En consecuencia, los orientadores debemos redescubrirnos, permitirnos redimensionar el ser y el sentido social de la profesión a través de concebir el mundo cotidiano que la habita. Entonces, en el campo de la orientación se requiere de nuevos escenarios y contextos de reflexión y así proponer nuevas posturas que se animen por la lógica de la dialéctica y de las sensibilidades que ocupan el presente histórico.

En este sentido, desde el ámbito profesional de la orientación, estos cambios revisten desafíos impostergables. Tal situación se anuda a la necesidad de inserción que requiere asumir el campo de la labor de la orientación en cuanto a repensar los modos de reflexión teórica, epistemológica, ontológica, práctica y ética. Este hecho supone, por un lado, la interrogación hacia los modelos teóricos concepciones convencionales que han definido su actuación social y, por otro lado, abrirse a la comprensión de que hoy en día el mundo de la ciencia del conocimiento está exigiendo de visiones profesionales multireferenciales dinámicas y de complejidad una orientación transformadora, entonces, apuesta por una democracia crítica, participativa y dialogante, a efectos de mantener la defensa por la educación pública, por los valores de solidaridad y de justicia social. Es necesario reposicionarnos desde la orientación con la pertinencia social de dicha profesión, sobre todo, a partir de la experiencia de la vivencia, de la existencia trasmutada de hoy, de la historia que narra el tiempo presente, de todo aquello que debe ser repensado, rearticulado, redimensionado significa un desafío hacia el sentido y ser de la práctica de la orientación.

Lic. (Med) Hidramely M. Castillo A.